De Monegros, Pirinegros y otros aborígenes

Mr Wallace está contrariado. El despiadado cierzo le llena los ojos de tierra y los oídos del sonido incesante del tam-tam de los aborígenes. Éstos se agitan,  gritan y gesticulan ante del brujo de la tribu que, sacudiendo todas sus plumas, se muestra nervioso aunque vehemente y firme ante los otros salvajes. La cosa no ha resultado como Mr Wallace esperaba. Sigue leyendo

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