Nuestros desconocidos vecinos del norte / Os nuestros esconoxitos bizins d´o norte

Grosclaude3

No mucha gente lo sabe, pero Aragón y Occitania son familia / No guaire chen en sape, pero Aragón e Oczitania yen familia…

No mucha gente lo sabe, pero Aragón y Occitania son familia: somos pueblos hermanos, primos hermanos… usando la retórica convencional podríamos decir algo así. Conviene explicar que Occitania es el territorio que comprende la zona de dominio lingüístico tradicional de la lengua de oc, llamada patois (patués)  durante los siglos de oscurantismo en los que una lengua de cultura en la Edad Media llegó a considerarse (y aún consideran los más ignorantes) un dialecto vulgar y campesino. Hasta en eso el occitano y el aragonés han tenido suertes paralelas, presentando también la primera diferentes variantes dialectales y modalidades regionales: gascón, provenzal, limosín, auvernés, lenguadociense, bearnés…

A diferencia de Aragón, Occitania nunca constituyó una entidad política común y unitaria. Lo más cerca que estuvo de tenerla fue la expectativa de una posible integración de sus condados y señoríos (Tolosa, Foix, Carcasona, Bearne, Bigorra, Provenza, Montpellier, Niza, etc.) en la Corona de Aragón en el tránsito de los siglos XII a XIII. Fue entonces cuando estos señores, la mayoría ligados mediante pactos de vasallaje con el rey de Aragón, hicieron por primera vez causa común contra los abusos de la cruzada albigense, violencia propiciada por un reino de Francia que ansiaba recuperar su control político y  detener la creciente influencia en esa zona del antiguo imperio carolingio de la cada vez más pujante Corona de Aragón. Todo eso quedó hecho añicos con la derrota aragonesa de Muret  (12 de septiembre de 1213).

¿Qué queda hoy de nuestros lazos comunes? Muchos siglos de constante inmigración occitana a Aragón (desde el fuero de Jaca en el siglo XI hasta la guerra de sucesión en el XVIII) dejaron su impronta en nuestro modo de ser y de entender la vida. Y, si nos asomamos al otro lado de nuestra montaña común, es posible encontrar un territorio lleno de referencias a Aragón y a España junto a atractivos culturales, turísticos, educativos, económicos, estratégicos… Y digo “es posible” porque, salvo honrosas excepciones, casi nadie por aquí hace uso de tal posibilidad para adquirir una noción aproximada de lo mucho e interesante que tenemos solo a pocos kilómetros de nuestras casas. Sin embargo, en nuestro imaginario colectivo, hoy por hoy, los aragoneses tenemos interiorizado un mayor número de experiencias ligadas a referentes como Londres, París, Amsterdam, Roma o Berlín que al armonioso territorio vecino que trabaja, se agita y medra tras “aquelas montanhas”.

Cierto es que nuestras comunicaciones con ellos no son las mejores que cabría esperar en nuestro siglo XXI. Pero también lo es que no son tan malas ni precarias como para que no tengamos una mayor interrelación entre nosotros. Y digo aquí también “interrelación” porque sí que existe un tipo de relación que es básicamente unidireccional: son ellos los que más se asoman hacia aquí, los que más nos visitan y los que nos conocen a nosotros mucho mejor de lo que nosotros les conocemos a ellos. Hemos de reconocer que, más allá de los viajes de tour-operador que nos llevan a las grandes y más lejanas capitales europeas, los aragoneses mantenemos con nuestros vecinos inmediatos una barrera psicológica e (¡imperdonable!) idiomática que es, de lejos, mucho más limitativa e impenetrable que la barrera de la geografía y las comunicaciones.

Las regiones vecinas de Aquitania-Limousin-Poitou-Charentes y de Languedoc-Rosellón-Mediodía-Pirineos no pertenecen a la Francia más pujante del norte, pero engloban a doce millones de habitantes que tienen un PIB per capita similar al nuestro, un diversificado tejido económico, una red de comunicaciones eficaz y en constante mejora y una ordenación de su territorio que permite el mantenimiento de su población, sus servicios y su vertebración en unos niveles que ya quisiéramos para nosotros, sin perjuicio del dinamismo que proyectan dos grandes polos urbanos como son Burdeos y Tolosa (o Toulouse, como prefieran). Junto a todas las demás razones de orden social y cultural que justificarían una relación con ellos al menos tan intensa como la que tenemos con cualquiera de nuestros otros vecinos al sur de los Pirineos, un servidor se pregunta: ¿por qué no rompemos de una vez por todas estas barreras psicológicas e idiomáticas?

En una Unión Europea que busca desdibujar las fronteras para todas las cosas positivas que se se ven limitadas o impedidas por ellas no entiendo que, por ejemplo, no haya un todavía mayor peso del aprendizaje de la lengua y del conocimiento de la cultura francesa (y, además, sus correspondientes occitanas) en el sistema educativo aragonés, especialmente en los centros de nuestras comarcas centrales y septentrionales. Ni que no tengamos de una forma regular información en nuestros medios de comunicación sobre las cosas que pasan y se hacen en Occitania. Ni que no nos prodiguemos en un mayor número de iniciativas conjuntas a las que, además, se les dé la visibilidad y promoción pública que merecen. Y sí, claro que sí: todo ello sin dejar de seguir estudiando inglés y viajando a Berlín, que una cosa no solo no quita a la otra: antes bien deberían retroalimentarse.

Se trata de un esfuerzo que corresponde a toda la sociedad aragonesa, pero en el que de partida deberían tener un papel protagonista y decisivo especialmente nuestros medios de comunicación, sean  de titularidad pública o (debidamente incentivados, caramba, que el fin bien lo justifica) también los privados. La actualidad de Occitania debería llegar a nuestros informativos y periódicos, así como toda clase de reportajes divulgativos, y deberíamos hacer llegar nuestra información y cultura a los suyos.

Además de este ejemplo es seguro que existen muchas otras formas y vías de ir descorriendo este tupido velo que nos separa. Está en nuestro interés el favorecer en todo lo posible la progresiva ruptura de esas fronteras intangibles. Y más todavía si consideramos el alto coste que hasta ahora ya hemos pagado por tantos años de oportunidades perdidas, todo un lastre que pesa sobre nosotros desde que la implantación de una impermeable frontera política y material nos convirtió en un culo de saco interrumpiendo nuestra fecunda, lucrativa y secular relación con nuestros “parientes” del norte.
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Os nuestros esconoxitos bizins d´o norte

No guaire chen en sape, pero Aragón e Oczitania yen familia: semos pueblos chirmans, primos chirmans… fendo serbir a retolica combenzional poderbanos izir bella cosa asinas. Combiene esplicar que Oczitania ye o territorio que abasta ra zona de dominio lingüistico tradizional d´a luega d´oc, clamata patois (patués) en os sieglos foscos en os que una luenga de cultura en a Edá Meya plegó á considerar-se (y encá en consideran os más inorans) un dialeuto bulgar e matraco. Dica en ixo l´oczitano e l´aragonés han teniu suertes paralelas, en presentando tamién a primera diferens barians dialeutals e modalidaz rechionals: gascón, probenzal, limosín, aubernés, luengadoziense, biarnés…

Á esferenzia d´Aragón, Oczitania nunca no constituyó una entidá politica común e unitaria. O más amanata que estió de tener-ne estió a espeutatiba d´una posible entegrazión d´os suyos condaus e siñoríos (Tolosa, Fois, Carcasona, Biarne, Bigorra, Probenza, Mompesler, Niza, ez.) en a Corona d´Aragón en o transito d´os sieglos XII á XIII. Estió alabez cuan istos siñors, a mayoría ligatos meyante pautos de basallache con o rei d´Aragón, fizioron por primera begata causa común contra os abusos d´a cruzata albichense, biolenzia propiziata por un reino de Franzia que angluziaba recuperar o suyo control politico e aturar a crexién enfluyenzia en ixa zona de l´antigo imperio carolinchio d´a cada bez más zereña Corona d´Aragón. Tot ixo s´esmicazó con a redota aragonesa de Muret (12 de setiembre de 1213).

¿Qué queda güei d´os nuestros ligallos comuns? Muitos sieglos de contina inmigrazión oczitana enta Aragón (dende o fuero de Chaca en o sieglo XI dica ra guerra de suzesión en o XVIII) dixoron o suyo siñal en a nuestra farcha d´estar e d´entender a bida. E, si columbramos enta l´atro besán d´a nuestra montaña común, ye posible trobar un territorio pleno de referenzias á Aragón e á España chunto á atrautibos culturals, turisticos, educatibos, economicos, estratechicos… E digo “ye posible” porque, fueras d´onrosas eszeuzions, cuasi denguno por aquí fa serbir ixa posibilidá ta alquirir una nozión amanata d´o muito e intresán que tenemos nomás á pocos kilometros d’as nuestras casas. Manimenos, en o nuestro esmachinario coleutibo, güei os aragoneses tenemos interiorizato un mayor lumero d´esperenzias ligatas á referens como Londres, París, Amsterdam, Roma u Berlín que á l´armonioso territorio bizín que treballa, esbelluga e medra dezaga de “aquelas montanhas”.

Zierto ye que as nuestras comunicazions con ellos no son as millors que calerba asperar en o nuestro sieglo XXI. Pero tamién en ye que no son tan malas ni raditas como ta que no tiengamos una mayor entrerrelazión mutua. E digo aquí tamién “entrerrelazión” porque sí que esiste bella mena de relazión que ye alazetalmén unidirezional: son ellos os que más s´asoman cara t´aquí, os que más nos besitan e os que nos conoxen á nusatros muito millor d´o que nusatros lis conoxemos á ellos. Emos de reconoxer que, dillá d´os biaches de tour-operador que nos portian ta ras grans e más alueñatas capitals europeyas, os aragoneses mantenemos con os nuestros bizins inmeyatos un barrache psicolochico e (¡simperdonable!) idiomatico que ye, de lueñes, muito más limitadero e impenetrable que o barrache d´a cheografía e as comunicazions.

As rechions bizinas d´Aquitania-Limousin-Poitou-Charentes e de Luengadoc-Rosellón-Meyodiya-Pirinés no pertenexen á ra Franzia más rica d´o norte, pero abastan á doze millons d´abitadors que tienen un PIB per capita semilar á o nuestro, un dibersificato texito economico, un rete de comunicazions eficaz y en perén amilloramiento e una ordinazión d´o suyo territorio que premite o mantenimiento d´a suya poblazión, os suyos serbizios e a suya bertebrazión en unos libels que ya quererbanos ta nusatros, sin perchudizio d´o dinamismo que proyeutan dos grans polos urbanos como son Burdeus e Tolosa (u Toulouse, como prefieran). Chunto á todas as atras razons d´orden sozial e cultural que chustificarban una relazión con ellos á o menos tan intensa como a que tenemos con cualque atro d´os nuestros bizins á o sur d´os Pirinés, un serbidor se pregunta: ¿por qué no crebamos d´una bez por todas con istos barraches psicolochicos e idiomaticos?

En una Unión Europeya que gosa esborrar as buegas ta todas as cosas positibas que se beyen limitatas u empachatas por ellas no repleco que, por exemplo, no bi aiga un encara mayor peso de l´aprendizache d´a luenga e d´o conoximiento d´a cultura franzesa (e, antimás, as suyas correspondiens oczitanas) en o sistema educatibo aragonés, espezialmén en os zentros d´as nuestras redoladas zentrals e septentrionals. Ni que no tiengamos d´una traza regular informazión en os nuestros meyos de comunicazión sobre as cosas que pasan e se fan en Oczitania. Ni que no nos prodiguemos en un mayor lumero d´iniziatibas conchuntas á ras que, antimás, lis se dé a bisibilidá y endizcada publica que merexen. E sí, profes: tot ixo sin dixar de siguir estudeando anglés e biachando á Berlín, que una cosa no solo que no saca l´atra: antis bien eban de retroalimentar-sen.

Se trata d´un esfuerzo que pertoca á toda ra soziedá aragonesa, pero en o que en primeras deberban tener un paper protagonista e dezisibo espezialmén os nuestros meyos de comunicazión, sigan de tetularidá publica u (inzentibatos como ye de dar -¡jolio!-, que a fin zaguera bien que lo chustificarba) tamién os pribatos. L´autualidá d´Oczitania eba de plegar ta os nuestros informatibos e periodicos, asinas como toda mena de reportaches dibulgaders, y ebanos de fer plegar a nuestra informazión e cultura á os suyos.

Antiparti d´iste exemplo ye fixo que esisten muitas atras trazas e bías d´ir escorrendo iste belo tan rezio que nos desepara. Ye en o nuestro intrés afaborexer en tot ro posible o progresibo espaldamiento d´ixas buegas intanchibles. E más encara si consideramos o alto coste que dica agora ya emos bosato por tantas añadas d´oportunidaz perditas, tot un lastre que pesa sobre nusatros dende que a implantazión d´una impermeyable buega politica e material nos combirtió en un culo de talega enterrompindo a nuestra fecunda, lucratiba e secular relazión con os nuestros “pariens” d´o norte.


Publicado en Aragón Digital