Las libertades de Aragón en peligro / As libertaz d’Aragón en periglo

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Las libertades de Aragón en peligro

Miguel Martínez Tomey

Responsable d’Afers Europeyos de Chunta Aragonesista

 

Cada 20 de diciembre las aragonesas, los aragoneses, conmemoramos el asesinato del Justicia de Aragón en defensa de los fueros y libertades por los que esta tierra fue ejemplo y precedente remoto de lo que –salvando las distancias del tiempo y la evolución de la sociedad- hoy se conoce en toda democracia occidental como Estado de Derecho. La tradición ha hecho de estos valores universales una parte indisociable de la personalidad histórica del pueblo aragonés. Las libertades cívicas aparecen así vinculadas a las libertades y derechos colectivos de los pueblos, y su consecuencia necesaria es la del autogobierno de éstos sin perjuicio de su integración solidaria con otros pueblos en una Unión Europea o en una España autonómica o federal. La unión, si ha de ser responsable y deseada, solo es concebible desde el respeto a la diversidad, la participación y la toma de decisiones desde el nivel más próximo a las realidades a ras de suelo que sea posible.

Pero este 20 de diciembre de 2015 también quedará señalado como el inicio de una legislatura que puede desembocar en cambios constitucionales que afectan tanto a las libertades individuales como a las colectivas o territoriales. Con diferentes matices y alcance, los partidos y coaliciones que concurren a las elecciones anticipan en sus discursos la pertinencia de una reforma constitucional que tendría tres frentes principales que, sin embargo, tienen entre sí una íntima relación en la visión política de cada formación: la regeneración ética de lo público, la reconstitución del Estado social o del bienestar y el modelo territorial del Estado.

Para los intereses de la nacionalidad histórica que conocemos como Aragón el debate sobre el modelo territorial no está discurriendo sobre cauces que nos permitan contemplar el futuro con esperanza o tranquilidad. Señalemos, por ejemplo, cuán insistente y frívolamente los análisis sobre el problema de la corrupción y sus remedios han incidido machaconamente en valorar negativamente el papel de los poderes autonómicos y locales, sin evaluar lo más mínimo si el afloramiento de casos en estos niveles no responde precisamente a su mayor accesibilidad por parte de la ciudadanía y de sus representantes y, por tanto, a una mayor capacidad de fiscalización por parte de éstos y de los órganos policiales y judiciales para destapar abusos. La corrupción aparece donde se ejerce poder y, como la experiencia demuestra testarudamente, si el poder se centraliza también lo hace la corrupción, solo que, cuanto más lejos de la democracia local, la corrupción que le ronda disfruta de mayores espacios de opacidad. No hay más corrupción en un sistema descentralizado que en uno centralizado, pero el actual y biempensante discurso sobre la corrupción está trufado de mantras que penalizan la subsidiariedad y el autogobierno local y autonómico que tan necesarios son para –pongamos por caso- un territorio tan desvertebrado, envejecido, despoblado, ignorado y abandonado a su triste suerte como el aragonés.

Algo similar sucede con los discursos regeneracionistas de nuevo cuño que buscan constituir un Estado social más eficiente, de amplia cobertura y prestaciones y financieramente sostenible. De nuevo, baste un ejemplo: las afirmaciones facilonas sobre la supuesta desigualdad de derechos entre los sistemas sanitarios y sociales de las distintas autonomías y los llamamientos a unificar todo el sistema en un solo cuerpo institucional ignorarían situaciones como –pongamos también por caso- el alto coste unitario que la prestación de esos servicios requiere en el extenso territorio aragonés, aplicándosenos sin más los baremos surgidos de artificiales promedios estatales en los que las realidades aragonesas no encuentran jamás acomodo ni sus problemas más graves solución, como ya hemos constatado a lo largo de un siglo de centralismo absolutista borbónico y dos de centralismo contemporáneo (mayormente borbónico también).

Si entramos en meollo del debate sobre el modelo territorial y competencial del Estado, todo está dominado por la deriva independentista de Cataluña, y en el altar de esa endiablada dialéctica se sacrifican todas las demás realidades nacionales o regionales sin que a nadie parezca importarle un bledo que en ellas se integren los 39 millones y pico de habitantes de España que no tenemos la suerte o la desgracia (según se mire) de ser catalanes. Constato en los debates la alarmante falta de visión y de propuestas sobre este particular del PP, la indefinición calculada de Podemos (derecho a decidir para Cataluña y niebla sobre todos los demás), la clara vocación centralista de UPyD y –con algunos matices- de Ciudadanos y la injusta (¡injustísima!) propuesta federal de “geometría variable” del PSOE que perpetuaría los vicios de nacimiento del actual Estado autonómico apaciguando a las comunidades centrífugas con ventajas que a las demás se nos negarán sin ni siquiera preguntarnos.

Me queda la esperanza de ver que algunos, como Unidad Popular, mantienen que lo suyo es una república federal con un alto nivel de autogobierno y un sistema fiscal a lo navarro que permita priorizar las necesidades de la gente de aquí abajo sin menoscabo de la solidaridad y cohesión que hemos de articular a través de la administración central. Como aragonesista y como firme convencido de que si España tiene sentido, lo tiene precisamente por su diversidad y no por una forzada uniformidad, ni siquiera me mortificaría demasiado si en vez de república federal hubiese que aceptar pulpo como animal de compañía, esto es: una monarquía federal. Me daría bastante igual que el gato fuese monárquico o republicano mientras acabase de una vez por todas a todos los ratones que desde hace tanto tiempo están reduciendo nuestro Aragón a la nada. Lo que me importa es preservar las libertades que este pueblo mío necesita y a las que tiene derecho para organizar sus recursos, sus instituciones, sus prioridades y sus formas de hacer las cosas de manera adaptada a sus ignoradas realidades.

Esas libertades son las que en el pasado permitieron que existiese un lugar bajo el sol para una civilización y un proyecto de convivencia llamado Aragón. Su abolición nos ha ido consumiendo poco a poco y su tímida recuperación fue seguramente lo mejor que nos ha pasado desde entonces. Ante lo que pueda venir que nadie olvide lo que ya en 1451 constataron oficialmente las Cortes de Aragón:

Siempre habemos oído decir antiguamente e se trova por experiencia, que atendida la gran esterilidad de aquesta tierra e pobreza de aqueste Regno, si non fues por las libertades de aquél, se irían a vivir y habitar las gentes a otros Regnos e tierras más fructíferas“.

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As libertaz d’Aragón en periglo

Miguel Martínez Tomey

Responsable d’Afers Europeyos de Chunta Aragonesista

 

Cada 20 d’abiento as aragonesas, os aragoneses, conmemoramos l’asasinato d’o Chustizia d’Aragón en esfensa d’os fueros e libertaz por os que ista tierra estió exemplo e prezedén remoto d’o que -fueras d’as distanzias d’o tiempo e a eboluzión d’a soziedá- güei se conoxe en toda democrazia ozidental como Estato de Dreito. A tradizión ha feito d’istas balors unibersals una parti indisoziable d’a presonalidá istorica d’o pueblo aragonés. As libertaz zebicas amanixen asinas ligatas á ras libertaz e dreitos coleutibos d’os pueblos, e a suya consecuenzia nezesaria ye a de l’autogubierno d’ístos sin esperchudizio d’a suya entegrazión solidaria con atros pueblos en una Unión Europeya u en una España autonomica u federal. A unión, si ha d’estar responsable e deseyata, nomás ye conzebible dende o respeto á ra dibersidá, a partezipazión e a presa de dezisions dende o libel más amanato áras reyalidaz á ran de suelo que siga posible.

Pero iste 20 d’abiento de 2015 tamién quedará siñalato como ro escomienzo d’una lechislatura que puede recutir ta cambeos constituzionals que afeutan tanto á ras libertaz endibiduals como á ras coleutibas e territorials. Con diferens matizes e alcanze, os partius e coalizions que concorren á ras eslizions antezipan en os suyos discursos a pertinenzia d’un reparo constituzional que tenerba tres frens prenzipals que, manimenos, tienen entre ellos una intima relazión en a bisión politica de cada formazión: a rechenerazión etica d’a cosa publica, a reconstituzión d’o Estato sozial u d’o bienestar e o modelo territorial d’o Estato.

Ta os intreses d’a nazionalidá istorica que conoxemos como Aragón o debate sobre o modelo territorial no ye redolando sobre cauzes que nos premitan columbrar o futuro con asperanza u tranquilidá. Siñalemos, por exemplo, cuán ensistenmén e fribola os analises sobre o problema d’a corrompizión han zeprenato ternes en abalurar negatibamén o paper d’os poders autonomicos e locals, sin abaluar o más minimo si ro escubrimiento de casos en istos libels no responde prezisamén á ra suya mayor azesibilidá por parti d’a ziudadanía e d’os suyos representans e, por tanto, á una mayor capazidá de fiscalizazión por parti d’ístos e d’os organos polizials e chudizials ta estapar abusos. A corrompizión aparixe astí do s’exerze poder e, como a esperenzia amuestra tozoludamén, si o poder se zentraliza tamién lo fa a corrompizión, malas que, contra más lueñes d’a democrazia local, a corrompizión que i dondía espleita de mayors espazios d’opazidá. No bi ha más corrompizión en un sistema eszentralizato que en uno zentralizato, pero l’autual biempensante discurso sobre a corrompizión ye rebutién de mantras que penalizan a susidiariadá e l’autogubierno local e autonomico que tan nezesarios son ta -metamos por caso- un territorio tan esbertebrato, abiellato, espoblato, espernito e abandonato á ra suya trista suerte como l’aragonés.

Bella cosa parellana suzede con os discursos rechenerazionistas de nueba cudizión que buscan constituyir un Estato sozial más efizién, d’ampla cobertura e prestazions e finanzieramén sustenible. De nuebo, baste un exemplo: as afirmazions fazilonas sobre a suposata desigualdá de dreitos entre os sistemas sanitarios locals e sozials d’as distintas autonomías e os clamamientos á unificar tot ro sistema en un solo cuerpo instituzional inorarban situazions como -metamos tamién por caso- o alto coste unitario que a prestazión d’istos serbizios requiere en o estenso territorio aragonés, en aplicandose-nos sin más os baremos surtitos d’artifizials promeyos estatals en os que as reyalidaz aragonesas no troban nunca acomodo ni os suyos problemas más grieus soluzión, como ya emos constatato á ro largo d’un sieglo de zentralismo asolutista borbonico e dos de zentralismo contemporanio (mayormén borbonico tamién).

Si dentramos en o megollo d’o debate sobre o modelo territorial e competenzial d’o Estato, tot ye dominato por a remetida independentista de Cataluña, y en o altar d’ixa dialeutica d’o diaple se sacrifican todas as demás reyalidaz nazionals u rechionals sin que á garra chen parixca dar-li-se un sacre que en ellas s’entegren os más de 39 millons d’abitans d’España que no tenemos a suerte u a esgrazia (seguntes se mire) d’estar catalans. Constato en os debates l’alarmante falta de bisión e de propuestas sobre iste particular d’o PP, a indefinizión carculata de Podemos (dreito a dezidir ta Cataluña e boira sobre tos os atros), a clara bocazión zentralista d’UPYD e -con bels matizes- de Ciudadanos e a inchusta (¡inchustisma!) propuesta federal de “cheometría bariable” d’o PSOE que perpetuarba os bizios de naxenzia de l’autual Estato autonomico apaziguando á ras comunidaz zentrifugas con abentaxas que á ras atras se nos negarán sin preguntar-nos-ne sisquiera.

Me queda l’asperanza de beyer que beluns, como Unidad Popular, mantienen que o que ye de dar ye una republica federal con un alto libel d’autogubierno e un sistema fiscal á ro nabarro que premita priorizar as nezesidaz d’a chen d’aquí abaxo sin merma d’a solidaridá e codesión que emos de farchar á trabiés de l’aministrazión zentral. Como aragonesista e como firme combenzito de que si España tiene sentiu, lo tiene prezisamén por a suya dibersidá e no pas por una aforzata uniformidá, ni sisquiera me mortificarba masiau si en cuenta de republica federal bi ese que azeutar pulpo como animal de compañía, isto ye: una monarquía federal. Me bufarba ra pocha que o gato fuese monarquico u republicano mientres acotolase d’una bez por todas toz os zorzes que dende fa tanto tiempo son xurrumindo o nuestro Aragón de raso. O que m’importa ye presguardar as libertaz que iste pueblo mío amenista e á ras que tiene dreito ta organizar os suyos recursos, as suyas instituzions, as suyas prioridaz e as suyas formas de fer as cosas de traza adautata á ras suyas inoratas reyalidaz.

Ixas libertaz son as que en o pasato premitieron que esistise un puesto baxo o sol ta una zebilizazión e un proyeuto de combibenzia clamato Aragón. A suya zircunduzión nos ha ito sulsindo poco á poco e a suya contreita recuperazón estió de seguras o millor que nos ha pasato dende alabez. Debán d’o que pueda benir que garra chen no olbide o que ya en 1451 constatoron ofizialmén as Cortes d’Aragón:

Siempre habemos oído decir antiguamente e se trova por experiencia, que atendida la gran esterilidad de aquesta tierra e pobreza de aqueste Regno, si non fues por las libertades de aquél, se irían a vivir y habitar las gentes a otros Regnos e tierras más fructíferas“.