¿Quién gobierna a los que gobiernan?

En un debate que tuvo lugar hace pocos días entre representantes políticos y de empresas del sector de producción eléctrica solar fotovoltaica, entre muchas y jugosas informaciones y comentarios, uno de los asistentes hizo una interesante a la par que inquietante intervención. A lo largo del coloquio, ya se habían puesto sobre la mesa todos los datos del demencial tratamiento que el Gobierno (el presente y, -vista su actitud en el parlamento español- también el que seguramente surgirá tras el 20N) da a los pequeños productores de electricidad de fuentes renovables.

También se había hablado del más que cuestionable concepto de déficit tarifario que tenemos que pagar (con sus intereses) a las grandes eléctricas para compensar sus desmedidas e inútiles inversiones en centrales de ciclo combinado que la demanda actual y futura no requerían, así como los supuestos costes de entrada de este oligopolio en el también supuesto libre mercado de la electricidad. Igualmente, se había comentado cuánto pagamos por ese pretendido déficit tarifario de una electricidad que producen en gran medida a coste cero, ya que provienen de sus mucho más que amortizadas centrales nucleares (¡para las que siguen pidiendo prórrogas de su vida útil!) e hidroeléctricas.

Y, desde luego, ya se habían evocado las escandalosas cifras de beneficios de estas empresas (y en lo peor de la crisis, oigan) que se lamentan del supuesto déficit que soportan debido a lo mucho que les cuesta producir la electricidad y lo poco que les pagamos por ella. Sí, claro, se me olvidaba: también se había mencionado la anécdota de que desde 2004 el precio medio de la electricidad nos lo han subido un 74 %, con todas las bendiciones de los gobiernos (PP Y PSOE) de turno. (Pueden oír el debate completo en http://www.newsolares.com/tv/)

Pues bien, en un momento dado, alguien lanzó al panel de políticos la pregunta de si son conscientes de quién dicta la política energética en España. La reacción de la mayoría de ellos (algunos aparentemente más incómodos que otros) fue la de reafirmar el valor de la representatividad que ostentan y la prevalencia de la soberanía popular en la toma de las decisiones políticas. Yo, sin embargo, creo que la pregunta daba en el clavo. Era, la pregunta de verdad, la gran pregunta, la pregunta con mayúsculas. Era la pregunta que se hacen miles, millones de ciudadanos indignados en diferentes grados: ¿A quién obedecen los políticos que ostentan el Gobierno? ¿Al programa electoral con el que los ciudadanos les han encomendado mayoritariamente la responsabilidad de gobernar y legislar? ¿O a intereses establecidos, organizados, poderosos, influyentes y, desde luego, muy persuasivos?

Y cuando la pregunta la hacen en las calles, primero aquí y cada vez más en todo el planeta, millones de personas, es porque ya tienen clara la respuesta, y ésta no es del agrado de los más pulcros biempensantes. De ahí que la primera consigna del movimiento de los indignados fuese “Democracia real ya”. No seré yo quien simplifique el planteamiento de este problema negando la concurrencia de genuinas voluntades de coherencia y lealtad democrática en la práctica de gobierno y política en general. Pero aun admitiendo los matices, es evidente que demasiadas cosas están saliendo mal, demasiadas cosas huelen mal, demasiados hechos reales contradicen demasiadas palabras dirigidas a la galería y demasiados damnificados comprueban que alguien obtiene más dinero y más poder a sus expensas.

* Miembro del Consello Nazional de Chunta Aragonesista

(Publicado en Aragón Digital: http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=88740&secid=21)