TCP: Crónica de un fracaso

“¡Venimos en son de paz!” -repetían incansables los marcianos cabezones ideados por Tim Burton en su delirante película Mars Attacks, mientras aniquilaban a los terrícolas. Con la misma retranca y desparpajo, el Ministro de Fomento, José Blanco, armado con el programa de prioridades de la Presidencia española de la UE, ha fulminado la Travesía Central del Pirineo mientras aseguraba defenderla.La invasión del planeta Aragón ha sido fácil tras doce años de adormecimiento social a manos de un equipo PSOE-PAR que ha conseguido que nos hayan colado dos trasvases (uno en grado de tentativa), una condonación casi total de la deuda del Estado con Aragón, una insultante indiferencia del Estado en el litigio de los bienes, la fragmentación del archivo de la Corona de Aragón, el salvaje parón de inversiones y obras del Estado, la derogación técnica de la reserva hídrica de Aragón, la negativa a liberar los peajes de las autopistas aragonesas y a desdoblar las mortíferas carreteras estatales… ¿seguimos?

Tal grado alcanzó nuestro sopor que Blanco pudo exhibir su frigidez hacia nuestra travesía incluso en la reunión que sobre las redes europeas organizó la UE en Zaragoza (¡en nuestra propia casa!), sabedor de que aquí no se le levanta la voz.

En el seguimiento de este asunto en Bruselas un servidor constató cómo Ferrmed, el lobby defensor del corredor mediterráneo y detractor de la travesía central, se reunía regularmente con los Presidentes de los grupos políticos de la eurocámara, forjaba alianzas estratégicas con las regiones europeas que conectarán con su corredor, inundaba de información y argumentos a técnicos y responsables de la Comisión Europea, distribuía publicaciones (como el libro en inglés del diputado europeo de CiU, Ramón Tremosa que, de paso, dibujaba mapas de Aragón con fronteras al gusto pancatalanista) y, sospecho, mantenía unos contactos con la representación permanente de España ante la UE y el Ministerio de Fomento que valían más que el más lustroso de los secretarios de Estado que pueda uno tener en Madrid (va por usted, Sr. Morlán).

Mientras otros se lo “curraban” con profesionalidad y constancia, la tropa aragonesa se limitaba a organizar ruidosos saraos (a veces con sonados fracasos de asistencia) en Madrid, Lisboa o París, disfrazando su pasividad con fulgurantes puestas en escena de cartón piedra. Nuestras eurodiputadas aragonesas del PSOE y del PP también han estado desaparecidas: ni una sola iniciativa parlamentaria sobre este trascendental asunto en los tres años que llevamos de legislatura europea.

Tal es el resultado de la indolencia y sumisa obediencia que los dirigentes socialistas y populares (y sus socios del PAR) prestan a sus jefes de filas en Madrid. Todos en Bruselas saben que cuando la Comisión somete una propuesta al Consejo y al Parlamento, es muy difícil modificarla en lo sustancial. El tiro se asegura en la fase previa, pero hemos pasado de tener ventaja a perderla miserablemente. No es realista creer que se podrá dar la vuelta a esta lamentable decisión. Pensemos en las alternativas y en sacar de esta miseria una contrapartida que colme las aspiraciones aragonesas: el Canfranc, proyecto costeable en tiempo de crisis y en el que trabajan los franceses, es la opción realista. Basta ya de confiar en los marcianos.

(Publicado en Heraldo de Aragón el 20 de julio de 2011: HA TCP- crónica de un fracaso)