¡Democracia en el norte de África ya! / ¡Democrazia en o norte d’Africa ya!

El norte de África, la zona del llamado mundo árabe más abierta (por proximidad geográfica y cultural) a Europa a través del Mediterráneo, se agita empujada por la rebelión de sus masas. ¿Qué masas? ¿Aquellas que a finales de los años setenta del pasado siglo instauraron la república islámica en Irán? ¿Las mismas que en Pakistán, aborrecidas de soportar dictadura tras dictadura, corrupción, desigualdades y tensiones fruto de su devenir social, moral y cultural, apoyan o sufren los golpes del fanatismo religioso-político?

Resulta evidente que en Túnez y Egipto, y en Argelia, Libia y Marruecos, quienes están saliendo a la calle no tienen mayoritariamente una “agenda talibán” destinada a arrasar a sangre y fuego todo lo que huela a valores occidentales. A estas alturas nadie en nuestras enmoquetadas cancillerías tiene la caradura de decir que son los religiosos quienes están instigando esta reacción de la gente común contra el paro, la corrupción, la falta de libertades, la pobreza, la brutal escalada de los precios de los bienes básicos, etc. Es la sociedad en su espontanea y natural (aunque reprimida) pluralidad la que se manifiesta.

El tiempo y la evolución de las cosas, la comunicación de nuestra era y el intercambio de valores e ideas constituyen la fuerza más poderosa de esta revolución democrática. No estamos hablado ya de esas gentes de antaño, etiquetadas aquí poco menos que como los personajes de tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín o de película de la legión extranjera, de apariencia exótica, ancladas en sus férreos roles tribales, incapaces de identificarse con (y por tanto, de desear) un sistema político y social de carácter democrático. Nos encontramos ante sociedades que, siquiera precariamente, se han modernizado en muchos aspectos, tienen un conocimiento lo suficientemente profundo de qué es un Estado de Derecho y del Bienestar, y tratan de conciliar (lamentablemente, en medio de enormes tensiones, contradicciones y violencia) su cultura, sus valores tradicionales y su concepción ancestral del mundo con los principios del humanismo a los que se abren a través de la televisión por satélite e internet. Son gentes que ya no toleran ser gobernados por dictadores caducos y corruptos y por sus familias, que se indignan por el apoyo que éstos todavía reciben de occidente a cambio de mantener una férrea contención de cachiporra y metralleta frente al integrismo islámico (y de paso, frente a quien suponga una amenaza para su continuidad en el poder o sus prebendas). Esa gente que ahora sale a la calle somos nosotros, los que fuimos hace treinta, cuarenta o cien años, luchando, viviendo y muriendo por una sociedad más justa y una vida digna de ser vivida. Y, sin embargo, a pesar de lo que vemos cada uno de estos últimos días por las pantallas de nuestros televisores y ordenadores, parece que todavía no acabamos de reconocernos, como si mirásemos la foto de alguien cuya cara nos suena y nos resistiésemos a identificar. Pero ese “alguien” somos nosotros y es de una vergonzante cobardía no verse representado en ella.

Es una sociedad plural la que pide paso. ¡Claro que tiene islamistas radicales en su seno! Nosotros también teníamos (y tenemos) una extrema derecha, a la que en su día no excluimos del amparo de las normas del Estado de Derecho. Ellos también pueden ser votados y elegidos democráticamente para integrarse en las instituciones, aunque se postulen en unas elecciones desde sus retrógradas ideas. Pero, ¿de verdad nos creemos que son la fuerza dirigente de estas protestas? ¿Tanto tememos a los “peligros de la democracia” cuando la democracia es la de otros? ¿Cuándo vamos a empezar a reconocer a estos pueblos su mayoría de edad democrática, su capacidad y su derecho a homologarse con nosotros en aquello en lo que supuestamente deseamos que se nos unan?

Creo que es el momento de que Europa y sus Estados y naciones pongan en pie la única “cooperación euromediterránea” que en este momento esperan de nosotros nuestras hermanas y hermanos de la otra orilla del Mediterráneo: la de sacudirnos por un momento nuestra paralizante psicosis de crisis, mirar al otro lado del mar y mojarnos por ellos apoyándoles activamente y exigiendo, en voz alta, clara y vehemente, democracia y cambio pacífico, inmediato y sin ambages. Y sí, aunque parezca escandaloso: reivindico con esto el derecho de injerencia democrática, de igual modo que Naciones Unidas asumió en los años noventa el de injerencia por crisis humanitaria.

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O norte d’Africa, a zona d’o clamato mundo arabe más ubierta (por prosimidá cheografica e cultural) á Europa á trabiés d’o Mediterránio, esbelluga empentata por a rebelión d’as suyas masas. ¿Qué masas? ¿Aqueras que en as zaguerías d’as añadas setanta d’o zaguero sieglo plantoron a republica islamica en Irán? ¿As mesmas que en Paquistán, aborrezitas d’endurar ditadura zaga ditadura, corrompizión, desigualdaz e tensions fruito d’o suyo esdebenir sozial, moral e cultural, refirman u sufren os batanazos d’o fanatismo relichioso-politico?

Resulta platero que en Túnez y Echipto, y en Archelia, Libia e Marruecos, qui son surtindo t’a carrera no tienen mayoritariamén una “achenda talibán” destinata á arramblar á sangre e fuego con tot lo que ulore á baluras ozidentals. Á istas alturas garra chen en as nuestras molsudas canzillerías tiene a barra de izir que yen os relichiosos qui son enzurizando ista reyazión d’a chen común cuentra l’ature, a corrompizión, a manca de libertaz, a pobreza, a brutal puyata d’os pres d’os produtos alazetals, ezt. Ye a soziedá en a suya espontania e natural (malas que reprimita) pluralidá la que se manifiesta.

O tiempo e a eboluzión d’as cosas, a comunicazión d’a nuestra era e l’entrecambeo de baluras e ideyas farchan a fuerza más poderosa d’ista reboluzión democratica. No semos fablando ya d’ixas chens d’antis más, etiquetatas aquí poco menos que como os presonaches de tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín u de pelicula d’a lechión estranchera, d’aparienzia esotica, ligatas por os suyos duros rols tribals, incapables d’identificar-sen con (e por ixo, de cosirar) un sistema politico e sozial de caráuter democratico. Nos trobamos debán de soziedaz que, sisquiera á tamas de tota mena de deficultaz, s’han modernizatas en muitos aspeutos, tienen una conoxenzia pro funda de qué ye un Estato de Dreito e d’o Bienestar, e fan o poder de fer á pachas (lamentablemén, en metá d’enormes tensions, escuentradizions e biolenzia) a suya cultura, as suyas baluras tradizionals e a suya conzezión anzestral d’o mundo con os prenzipios de l’umanismo ta ros que s’ubren á trabiés d’a telebisión por satelite e internet. Son chens que ya no estamagan estar gubernatos por ditadors corruptos que han zircunduto e por as suyas familias, que s’endinan por o refirme que ístos encá recullen d’ozidén á cambeo de mantener una dura contenzión de tocho e metralleta fren á l’entegrismo islamico (e, de paso, fren á qui seiga una menaza ta ra suya continidá en o poder u as suyas prebendas). Ixa chen que agora sale t’a carrera semos nusatros, los que fuimos fa trenta, cuaranta u zien añadas, luitando, bibindo e morindo por una soziedá más chusta e una bida dina d’estar bibita. E, manimenos, á penar de lo que beyemos cada uno d’istos zaguers días por as pantallas d’os nuestros telebisors e ordinadors, parixe que encara no rematamos de reconoxer-nos, como si nos mirasemos a foto de belún cuala cara nos suene e nos resistise-nos á identificar. Pero ixe “belún” semos nusatros e ye d’una bergoñosa cobardía no beyer-se representato en ella.

Ye una soziedá plural la que demanda paso. ¡Claro que bi n’ha d’islamistas radicals! Nusatros tamién tenebanos (y encá en tenemos) una estrema dreita, á la que en o suyo día no saquemos de l’emparo d’as normas de l’Estato de Dreito. Ellos tamién pueden estar botatos y eslechitos democraticamén ta entegrar-sen en as instituzions, mesmo si se postulan en unas eslizions dende as suyas retrogradas ideyas. Pero, ¿de berdá nos creyemos que yen a fuerza dirichén d’istas protestas? ¿Tanta zera nos fan os “periglos d’a democrazia” cuan a democrazia ye la d’otri? ¿Cuán imos á enzetar á reconoxer á istos pueblos a suya mayoría d’edá democratica, a suya capazidá e o suyo dreito á emologar-sen con nusatros en lo que suposatamén deseyamos que nos s’achunten?

Creigo que ye l’inte de que Europa e os suyos Estatos e nazions metan en pie a unica “cooperazión euromediterránia” que en iste momento asperan de nusatros as nuesas chirmanas e chirmans de l’atra ribera d’o Mediterránio: la de secutir-nos-ne por un inte a nuestra perlaticadera psicosis de crisis, filar ta l’atro costato d’o mar e embrecar-nos por ellos refirmando-lis autibamén e desichindo, con boz alta, clara e zereña, democrazia e cambeo pazifico, inmeyato e sin d’entrepuzes. E sí, anque parixca escandaloso: rebendico con isto o dreito d’incherenzia democratica, igual como Nazions Unitas acarrazó en as añadas nobanta lo d’incherenzia por crisis umanitaria.
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Publicado en Aragón Digital: http://www.aragondigital.es/asp/noticia.asp?notid=80487&secid=21