La Presidencia que traicionó a Aragón

Ha concluido una de las Presidencias de la Unión Europea (UE) más decepcionantes y estériles que se recuerdan para el país que la ha ejercido. Su misión es la de dotar de liderazgo político a un proceso y a una estructura plurinacional que, carente de una jefatura del Estado, favorezca los avances y ostente la máxima representación exterior de los intereses comunes. Pero la débil credibilidad del Presidente español Rodríguez Zapatero fue manifiesta desde su primera comparecencia ante el Parlamento Europeo el 8 de enero: nadie (salvo el grupo socialista) creyó en la capacidad de liderar del presidente del gobierno de un país con tan altas cifras de paro y déficit y que había negado insistentemente la existencia de la crisis y su gravedad.

Así las cosas, han sido Merkel y Sarkozy quienes han ejercido la presidencia económica “de facto”, empezando por imponer a Grecia y a España las medidas que se resistían a aplicar (aunque Zapatero las cargó esencialmente sobre las espaldas de los sectores sociales más vulnerables, especialmente pensionistas y trabajadores) y dejando al presidente español manos libres en política exterior y otros capítulos de la política europea. Sin embargo, no se celebraron las cumbres Euromediterránea y con Estados Unidos, pasando sin pena ni gloria la latinoamericana.

Para la agenda aragonesa de la Presidencia de la UE el balance también es irritante: una vez más, el gobierno español no ha sido valedor de los intereses de Aragón. El descarado favoritismo mostrado por el ministro de Fomento hacia el Corredor Mediterráneo ha puesto en peligro la Travesía Central Pirenaica (TCP), que ha pasado a convertirse en moneda de cambio para ser excluida de la lista de 30 proyectos prioritarios de la UE si fuese necesario encajar en ella el advenedizo proyecto defendido por catalanes, valencianos y murcianos. El único consuelo para Aragón ha sido que, como en casi todo lo demás, el gobierno también ha fracasado en su empeño, ya que la propuesta de revisión de las orientaciones de las redes transeuropeas que ha enviado la Comisión al Parlamento y al Consejo sigue apostando por nuestra TCP sin contemplar el corredor levantino. España tampoco movió un dedo para apoyar propuestas como la presentada por CHA en la conferencia de Zaragoza para facilitar la ejecución de obras en los tramos transfronterizos de la red secundaria (reapertura del Canfranc), que, sin embargo, fue muy positivamente acogida por la Comisión Europea.

Otros silencios clamorosos para los intereses de Aragón se refieren a la revisión de la política regional que está teniendo lugar (aún recordamos las incumplidas promesas de compensación equivalente que hizo el gobierno a Aragón cuando nos quedamos fuera del Objetivo 1 de los fondos europeos) o la revisión de la Política Agrícola Común, que ha de ponerse en marcha en 2014, esencial para nuestro desolado medio rural. Por no hablar de la contradicción frente a los requisitos europeos que abre este gobierno al querer recortar las ayudas para seguir expandiendo la producción eléctrica eólica y fotovoltaica.

Publicado en Heraldo de Aragón el 12 de julio de 2010