Aragón frente al olvido de su Historia

“La Historia la escriben los vencedores”. Esta conocida máxima, empieza a pesarnos cada vez más a muchos aragoneses. A la vista de la aceptación que “Peres II”, “coronas catalanoaragonesas” o “condes-reyes” tienen entre la panoplia de creencias cada vez mejor asentadas en la mente de las nuevas generaciones de españoles y europeos, parece claro que los aragoneses somos los perdedores de nuestra última -y tal vez definitiva- guerra librada frente a potentes rivales contra el atraso, la despoblación, el expolio cultural, el trasvase de nuestros recursos naturales y la negación de un lugar equilibrado y justo en el concierto de los pueblos de España. Entre las consecuencias de la derrota, al igual que otros pueblos desaparecidos y ya olvidados han sufrido, tenemos que aceptar sumisos que otros reescriban ahora el pasado (el nuestro y, a costa de éste, el suyo) sin cortapisas, como sólo puede hacer un triunfador absoluto. Despojados de nuestro yo ancestral, sin amor propio ni dignidad a los que aferrarnos, podremos integrarnos sin incomodar al nuevo poder triunfante a su nuevo modelo de sociedad, de cultura, de valores y de liderazgo, sostenido en un pedestal construído con las piedras de lo que fue antaño nuestra casa.

Algo debía de saber sobre esto Alberto Oliart, hoy Presidente del Ente Público RTVE cuando en 1997 ganó él X Premio Comillas de biografía, autobiografía y memorias con una obra titulada “Contra el olvido”. En su obra se esforzó por perpetuar la memoria de la gente que luchó contra el franquismo en una sociedad que mayoritariamente se había sometido a su imperio, fuera con entusiasmo o con resignación. Dejar testimonio de la verdad de quienes se mantuvieron rebeldes frente a la imposición (siendo, por supuesto, él uno de ellos) debiera ser moralmente más inspirador para el Sr. Oliart en su responsabilidad actual. Pero no es así.

Hay hechos históricos que, como los comentarios a las noticias del día, pueden ser objeto de opinión: ¿pretendía Fernando el Católico deshacer la unión de Aragón con Castilla y llegar a un reequilibrio estratégico vinculando a la Corona de Aragón con Francia mediante su boda con Germana de Foix? Eso es materia de discusión. Negar que esa boda se produjo no lo es. Las patologías psiquiátricas de Hitler y sus compinches pueden ser discutibles. El hecho cierto de que hubo un holocausto de judíos, gitanos y otras minorías, no lo es, aunque (como nos dice el Sr. Oliart en nuestro caso) también hay historiadores que lo discuten. Claro que de ellos y de sus aberraciones están tan hartos en algunos sitios que hasta los condenan a prisión, sean académicos o no.

Pero esté tranquilo el Sr. Oliart: aunque las evidencias documentales y materiales que se refieren a la denominación y ordinal de los soberanos de la Corona de Aragón son apabullantes, él puede seguir complaciendo a los fuertes y vencedores decidiendo selectiva e impunente qué es un “caso cerrado” académicamente y qué no. Que para eso esto es España y el Gobierno de Aragón no encuentra entre sus competencias la de llamarle la atención para velar por la preservación y difusión de la identidad y realidad histórica de los aragoneses.

por Miguel Martínez Tomey
Secretario de Política cultural e identidad nacional de CHA

Publicado en Heraldo de Aragón (17/06/2010)