Chunta Aragonesista y las lenguas de Aragón

La revista Aragón Identidad publicó recientemente un artículo en la que recababa las opiniones de dos responsables del Par y Cha sobre la cuestión de las lenguas de Aragón. María Herrero y un servidor fuimos los encargados de dar voz a la opinión de nuestros respectivos partidos. Pero, ya se sabe, el espacio en el papel es limitado y sólo quedó reflejada una parte de lo que inicialmente habíamos dicho. Me permito aquí ofrecer el texto completo que en su día remití a esta publicación.Chárra-me

“Las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón constituyen una de las manifestaciones más destacadas del patrimonio histórico y cultural aragonés y un valor social de respeto, convivencia y entendimiento.” Así reza el actual Estatuto de Autonomía de Aragón y, con fórmulas distintas en sus diferentes reformas, lo ha venido haciendo así desde su primera versión, que se remonta al año 1982.

Sin embargo, a pesar de este mandato estatutario, y a pesar de las múltiples previsiones en materia lingüística contempladas en varias e importantes leyes aprobadas por las Cortes de Aragón (algunas tan importantes desde el punto de vista de los derechos individuales y culturales de los aragoneses como la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, Ley 1/1999, de 24 de febrero, de Sucesiones por causa de muerte, o la Ley 2/2003, de 12 de febrero, de régimen económico matrimonial y viudedad), Aragón todavía no ha regulado los derechos y deberes de todos en relación con nuestras lenguas ni ha arbitrado los medios necesarios para su reconocimiento, promoción, uso y pervivencia futura. No es ocioso recordar que las disposiciones relativas a la lengua de nuestras leyes fundamentales se recogen en el Título Preliminar tanto de la Constitución española como del Estatuto Aragonés, epígrafes esenciales para el desarrollo armónico de la sociedad. En concreto, el artículo 3.3. de la Constitución española dice que “La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.” A fecha de hoy podemos decir con rotundidad que, 31 años después de la aprobación de la Constitución, el mandato de “especial protección” de las lenguas (sean o no oficiales) sigue incumplido en Aragón, tal y como han constatado ya los dos informes emitidos hasta la fecha por el Consejo de Europa sobre la aplicación en España de la Carta Europea de las lenguas regionales o minoritarias, ratificada por el Reino de España el 15 de septiembre de 2001.

Desde su fundación el 29 de junio de 1986, Chunta Aragonesista ha venido reclamando la aprobación de una Ley de Lenguas que haga efectivos los derechos de quienes hablan otra lengua propia de Aragón además del castellano o español. De hecho, hubo en 1997 un punto de consenso en el Dictamen de la Comisión Especial de estudio sobre la política lingüística en Aragón que aprobaron por unanimidad las Cortes de Aragón. En él se reconocía la realidad multilingüe de Aragón (“Aragón es una Comunidad multilingüe, en la que, junto al castellano, lengua mayoritaria, conviven otras lenguas, que son el catalán y el aragonés, con sus distintas modalidades”), la igualdad de tratamiento para estas lenguas, su reconocimiento legal, el respeto a las modalidades o variantes locales del aragonés y el catalán de Aragón, su enseñanza, su uso en las señalizaciones, el apoyo a su difusión, enseñanza y su normalización.

Resulta oportuno reproducir uno de los apartados de dicho Dictamen:

“En consecuencia, la ley emanada de las Cortes de Aragón deberá ser de igual aplicación para las dos lenguas aragonesas, partiendo de los siguientes principios:
a) La lengua catalana y la lengua aragonesa son lenguas propias de Aragón.
b) La lengua catalana y la lengua aragonesa serán cooficiales junto a la lengua castellana en sus respectivos territorios y en los niveles en que se determine.
c) La cultura derivada de las respectivas lenguas será especialmente protegida y potenciada mediante publicaciones, medios de comunicación, manifestaciones culturales, etc.
El número de hablantes no debe ser un freno, sino un estímulo para la adopción urgente de las medidas legislativas que en otras autonomías se han promulgado incluso para comunidades de hablantes tan pequeñas como la de la lengua aranesa, usada habitualmente por 4.000 personas.”

En coherencia con lo recogido en dicho Dictamen (puede verse en http://bases.cortesaragon.es/bases/boca2.nsf/(D)/D0C730CC9E93696A41256823003A21EB?OpenDocument), Chunta Aragonesista mantiene una postura que se atiene al acuerdo en que la Ley de Lenguas siga la estela marcada por unas Cortes que debatieron y aprobaron sus premisas en un contexto incontaminado por falsos debates o supuestas inconsistencias alimentados por los demás partidos para bloquear lo que en un principio estuvieron de acuerdo en llevar adelante.

Sin perjuicio del contenido directo del Dictamen, en el estado actual de cosas conviene explicar algunos de los temas que están presentes en el debate, dada la capacidad de generar confusión que tienen algunas de ellas:

1. Cooficialidad. Esencialmente consiste en hacer que, en las zonas de uso predominante de estas lenguas o en las que (como es el caso del aragonés en la ciudad de Zaragoza), se concentra un número importante de hablantes, sea posible tratar con las Administraciones públicas usando la propia lengua. Su alcance puede regularse para adaptarse a las necesidades y posibilidades en esas zonas. La cooficialidad no obliga a los indivíduos, tan sólo a las instancias oficiales, de ahí su nombre: co-“oficialidad”.

2. Obligatoriedad; enseñanza. Nadie está obligado a aprender ni a usar el aragonés y el catalán. No obstante, debería ofrecerse su enseñanza y su uso como lengua de enseñanza en los centros educativos de las zonas de uso predominante a quien lo desease. Desde otra perspectiva, nadie está obligado a estudiar una lengua que no sea el castellano. Con todo, sería deseable que se enseñase en alguno de los cursos de la enseñanza obligatoria una asignatura para todos los alumnos destinada a facilitar su conocimiento y a tener unas nociones básicas de estas lenguas.

3. Medios de comunicación. Su uso debiera estar obligatoriamente garantizado en una parte de la programación de los medios de comunicación públicos de ámbito aragonés y, de forma más intensa, en las zonas de uso predominante. Los privados estarían exentos de tal obligación, pero habría que favorecer su uso también en ellos.

4. Modalidades. Sin perjuicio del cultivo y uso de las formas estándar del aragonés y del catalán de Aragón, se deben proteger, estudiar, fomentar, divulgar y enseñar las formas que el aragonés y el catalán adoptan en las diferentes comarcas aragonesas, asegurando su pervivencia y vigor y facilitando sus aportaciones al proceso de normalización para enriquecer las posibilidades de las formas estándar (siendo estas últimas indispensables para la popularización, modernización y adaptación a los tiempos de toda lengua viva, sin excepciones). Esta tarea ha de encomendarse a especialistas acreditados por su solvencia científica, tanto en lo metodológico como en el conocimiento directo de la realidad de estas lenguas en Aragón.

5. Coste de estas medidas. Relativamente pequeño si tenemos en cuenta que sólo afecta a una zona limitada del norte y este de Aragón y a una todavía más escasa población (alrededor del 5 % de los aragoneses). Su coste, comparado con lo que gastamos anualmente en recuperar y conservar el resto del patrimonio cultural (ermitas, iglesias, castillos, catedrales, restos arqueológicos, piezas de arte, etc.) ha de ser necesariamente pequeño.

6. Lengua catalana de Aragón, identidad aragonesa, pancatalanismo. Está científicamente demostrado que la lengua vernácula que se habla en las comarcas orientales de Aragón es la misma (si bien con rasgos propios de la zona aragonesa) que la que se habla en Cataluña, Baleares, Valencia, el Rosellón o Algher. Por razones históricas o por tradición, se ha dado en llamar “catalán” a dicha lengua, aunque en haya recibido también otras denominaciones como “limusín”, “xapurreat”, “mallorquí”, etc. Debido a un movimiento de reacción política e identitaria frente a las tésis del nacionalismo catalán expansivo (conocido como “pancatalanismo”), en diferentes territorios fuera de Cataluña se han marcado distancias en cuanto a la denominación; así han aparecido en los Estatutos de Autonomía de Valencia e Islas Baleares las referencias oficiales de “valenciá” y “llengua catalana, pròpia de les Illes Balears”, respectivamente. Tal reacción trata de contestar la tesis pancatalanista de que la lengua determina la identidad de las personas, sobre cuya base se han hecho reivindicaciones territoriales o de asimilación cultural sobre comunidades vecinas. El fuerte sentimiento aragonés de los catalanohablantes de Aragón ha hecho altamente impopular el término “catalán” para su lengua, pero las alternativas de denominación planteadas no resultan apropiadas para la dignidad y categoría de nuestras hablas (por ejemplo, un “chapurreado” es, de acuerdo con la Real Academia de la Lengua, la forma de hablar de quien tiene dificultades con el idioma y lo pronuncia mal, usando vocablos y giros exóticos). Para CHA este debate nominalista no debiera paralizar lo esencial, esto es, la necesidad ley de protección y uso de nuestras lenguas. Del mismo modo que no consideramos que el reconocer que hablamos castellano no nos hace castellanos, no debiéramos dar por buenas las tésis del pancatalanismo y debiéramos contestar que hablar en catalán –como queda demostrado desde hace siglos- no nos hace catalanes. Tal vez, una fórmula de compromiso podría ser la de generalizar la denominación “catalán de Aragón”, marcando así las distancias socialmente demandadas. Lamentablemente, la inacción del Gobierno de Aragón produce un vacío en el que nuestra lengua se deteriora progresivamente mientras que le dejamos el campo libre para su reivindicación precisamente a quienes, desde fuera de Aragón, muestran más interés por ella, aunque sea por motivos indeseables para todos nosotros. Llenar ese vacío con una política aragonesa para el catalán de Aragón le pararía los pies a los pancatalanistas y destruiría su supuesta legitimidad, cerrando de una vez por todas este indignante conflicto.

7. Pedagogía social. Cualquiera desprecia lo que no conoce, aunque se trate de nuestras lenguas vernáculas. El castellano se conoce bien y por eso es la lengua vehicular aragonesa por excelencia. Pero el aragonés y el catalán han sido denostados desde hace varios siglos, especialmente en los últimos cien años y, especialmente en el caso del aragonés, se ha llegado a creer que, lejos de ser un idioma, no era sino la forma de hablar inculta en castellano de paisanos sin educación. Por otra parte, muchos aragoneses todavía desconocen que una parte de sus paisanos hablan en catalán y no son catalanes, lo que, unido al anticatalanismo asentado en no pocos aragoneses, da lugar a burlas, conflictos y problemas de convivencia en la que al final quien deja de usar su lengua en público es el catalanohablante o el aragonesohablante, según el caso. Es necesario que, además de la Ley, contemos con un programa que eduque a toda nuestra población sobre nuestra realidad lingüística, dignifique socialmente nuestras dos lenguas minoritarias, facilite la aceptación cotidiana de su presencia, proporcione pautas de comportamiento social para evitar tanto su uso desconsiderado hacia quienes no las hablan como su silencio sistemático para evitar “molestar” a quien las pueda llegar a leer o escuchar sin entenderlas. La experiencia en otras regiones y países demuestra que tal cosa, en la Europa democrática, plural, diversa y tolerante, no es ninguna quimera. En Aragón también es posible.

Para finalizar, aprovechemos para acabar de una vez por todas con otro falso mito: el de que “más nos vale estudiar inglés, francés o alemán, que nos haremos un lío”. La experiencia indica que quienes suelen decir eso no conocen otro idioma que su –única- lengua materna (invariablemente, el castellano). La realidad es que las personas bilingües tenemos más facilidad para aprender un tercer o cuarto idioma (y sin mezclarlos, cosa que sólo pasa de forma anecdótica y esporádica en el comienzo del aprendizaje de otros idiomas simultáneamente, pero que no se da posteriormente). Se trata pues, de otro falso argumento. De estos ya tenemos demasiados. Acabemos con ellos y hagamos, de una vez por todas algo por nuestras lenguas aragonesas minoritarias.

Un comentario el “Chunta Aragonesista y las lenguas de Aragón

Los comentarios están cerrados.