La Armada Invencible de Belloch

Durante los Sitios de Zaragoza hubo un escenario de batalla en el que los aragoneses siempre se mostraron superiores a sus rivales: el Ebro. Utilizando su conocimiento del río y de la navegación, los defensores de Zaragoza no sólo evitaron que los franceses desembarcasen en las vulnerables fachadas fluviales del Rabal o las Tenerías, sino que hostigaron a sus enemigos desde el río con incursiones y disparos a su retaguardia. Visto lo visto doscientos años después, si Belloch hubiese sido entonces nuestro Palafox, bajo su liderazgo hubiésemos fracasado estrepitosamente: los barcos del alcalde hubiesen quedado embarrancados aquí y allá, atrapados entre la corriente, los puentes y las gravas. Tal vez hubiese dicho entonces lo que otro ilustre navegante de secano (nuestro preclaro invasor del siglo XVI, Felipe II de Castilla) exclamó frustrado ante la zozobra de su flamante flota: “¡yo no mandé a mis barcos a luchar contra los elementos!”
Desde la casa consistorial de la plaza del Pilar, ahora decorada como si de El Escorial se tratase, el alcalde de Zaragoza y su Almirantazgo fluvial (con Fernando Gimeno, Jerónimo Blasco, Francisco Catalá como arrojados capitanes) organizaron una flota con la intención de lanzarnos a todos a la aventura de navegar con el mismo empecinamiento del paradójicamente llamado “Rey Prudente”. Pero a pesar de los avisos a navegantes de Chunta Aragonesista, la flota de la coalición PSOE-PAR a duras penas ha conseguido tocar puerto en Ranillas a pesar de que hace más de un mes que, según sus planes, debiera haberlo hecho. Y eso les pasa precisamente por ignorar a esos “elementos”, esto es, las extremamente variables corriente, caudal y fuerza del padre Ebro, que con su enérgica y cambiante naturaleza impone sus reglas y limitaciones, y con las cuales nuestros antepasados supieron navegar adaptándose a ellas.
Pero Belloch no acepta reglas de nada ni de nadie. Hace gala de una peligrosa autosuficiencia y pasa la apisonadora por encima de todo y todos los que hemos advertido de los problemas del proyecto de navegación del equipo de gobierno. Se ha tirado al agua, a costa del bolsillo y las ilusiones de toda la ciudadanía y, como el “Félix de Azara”, se ve incapaz de vencer la fuerza del río mientras queda atrapado por la carga que ha asumido. Esa carga es la obligación del Ayuntamiento de Zaragoza de mantener el río en las condiciones necesarias para que los barcos de la empresa adjudicataria puedan desarrollar su servicio, cláusula que figura en el pliego del concurso y el contrato de explotación del sistema de navegación fluvial del Ebro. Si tales condiciones no se dan, el Ayuntamiento (o sea, todos nosotros) indemnizará a la empresa por los daños y perjuicios que ésta sufra durante los 25 años de vigencia del contrato. Recordemos que estamos hablando de una inversión global por parte de la empresa que gestiona los barcos de 3.800.000 euros, más un coste de explotación del negocio cuyo monto desconocemos pero que necesariamente ha de ser elevado.
El proyecto de navegabilidad es tan costoso como chapucera su concepción: 30 millones de euros por un azud que al final sólo consigue garantizar una lámina de agua de profundidad suficiente hasta el Puente de Piedra; el coste, aún por cuantificar, de rebajar la solera de dicho puente, abriendo un canal adaptado al calado de los barcos más grandes que se han comprado pero que produce una corriente que éstos no pueden vencer; 400.000 euros del dragado inicial, hoy ya enterrados bajo las gravas que posteriormente arrastró la riada; el coste del actual dragado y los sucesivos que se van a necesitar cada vez que nuestro indómito río vuelva por sus fueros… ¿Y cómo se puede cuantificar el deterioro ecológico del Ebro o la agresiva intervención sobre un Bien de Interés Cultural como el Puente de Piedra y su solera? Es extraño este empeño de Belloch en ignorar el dictamen técnico recogido en el pliego de condiciones del concurso, en el que se incidía expresamente en que los barcos no superasen los 50 cm de calado para no tener que dragar el río ni rebajar la solera de ningún puente.
Parece difícil devolver la honra a los barcos del PSOE y la sostenibilidad económica y medioambiental a la navegación. Esta costosísima chapuza no es lo que soñábamos quienes hemos apostado siempre por volver a surcar las aguas del Ebro. Ya es hora de responder ante la ciudadanía por esta sucesión de despropósitos. La Armada de Belloch se ha ido a pique.