Destruyendo la ciudad con imaginación

(Respuesta a una carta aparecida en Heraldo de Aragón en 2002 sobre el aspecto de Zaragoza y las farolas del Pº Independencia)

En la Historia de Zaragoza, el profesor Eliseo Serrano, explica por qué la fisonomía urbana de Zaragoza suscitó tales alabanzas en el siglo XVI con las siguientes palabras de Carmen Gómez Urdáñez: “en el siglo XVI, no es que se edificaran varios o muchos palacios, sino que se configuró la ciudad como un verdadero conjunto monumental con casas de más o menos entidad pero con presupuestos homogéneos”. Serrano añade: “Ya no se trata de hablar de ‘palacios’ como obras de arte aislados sino al conjunto homogéneo, a un caserío que define la ciudad moderna e introduce el nuevo vocabulario formal artístico con peso italiano pero también con influencia de la Baja Edad Media y del mudéjar.”
La carta del Sr. Dols del pasado domingo me hace reconocer que lo de las farolas de Independencia quizá no sea tan grave, dado lo desvirtuado que ya estaba el paseo, pero quiero explicar por qué somos tantos en esta ciudad los que nos ponemos en guardia con estas cosas: y es porque hemos sido demasiado “rompedores” allí donde no debíamos (el centro histórico), olvidándonos de los barrios nuevos donde podíamos y hasta debíamos serlo. En Aragón hemos imitado el lamentable ejemplo de la pirámide del Louvre, que no es que sea bonita o fea, sino en que está en un lugar equivocado, en un espacio en el que, a pesar de haberse reformado y ampliado en sucesivas épocas, en todas ellas sus artífices actuaron con espíritu de continuidad armoniosa con respecto al conjunto inicial. El elemento “rompedor” es un insulto a la discreción y el respeto que  los sucesivos arquitectos y planificadores demostraron hacia sus antecesores en sus intervenciones en el edificio. ¿Ha tenido alguien en esta ciudad ese mínimo de sensibilidad desde el siglo XVI? Antes bien, ha primado la egolatría y la irrespetuosa zafiedad que tan lamentablemente han hecho del casco histórico de Zaragoza un referente de mediocridad entre quienes nos visitan y nos comparan. Por cierto, Sr. Dols: el Escorial se edificó sobre un vertedero en un descampado lejos de Madrid.